La vida comienza con el sexo, se desarrolla gracias a él y
en algunas ocasiones hasta uno podría ser capaz de decir que termina en él, o al menos la gente de vez en cuando sigue
falleciendo por infartos en los telos,
un mal polvo en resumidas cuentas. La pregunta es por qué a veces es tan
difícil caer en él, por qué tanto mito lo rodea, por qué las cosas tienden a
ser tan complicadas cuando en si el acto es tan simple, es tan mecánico a punto
tal de que nuestras terminaciones nerviosas se convierten en los cables
generadores del mejor momento de nuestras vidas.
Las costumbres sociales nos han llevado a extremos como vernos siempre lindos, presentables, dispuestos. A interpretar todos los
movimientos, buscar el doble sentido a las palabras. Hartar a cuanta persona
amiga nos rodea para que nos ayude con lo “indescifrable”, para que nos brinden
una perspectiva que ya sabemos cuál es:
que la otra persona QUIERE COGER.
Sin embargo, luego del acto, no importa que tan claras estén
las cosas, todo se tergiversa. Y no todos actuamos de la misma manera. Algunos huyen,
no contestan mas el teléfono, les agarra el narcisismo tardío, el síndrome de
Zeus o lo que carajo genere que no te contesten el teléfono… hasta que les propones
otro polvo y ahí están, como perritos falderos. En serio chicos, es necesario?
Otros se enamoran, de repente, de golpe y como si nada. De esos claramente hay
que huir porque, a mi criterio, no tienen asuntos personales muy resueltos. Es
como si su miembro generara un cordón umbilical a nuestra vagina. Pasado un
tiempo termina siendo una pesadilla melosa y cursi. Y después están los que
considero, son lo mejor que te pueden pasar. Es el polvo buena onda, el polvo
con química, nada se dice, pero todo está claro. La cama es genial, las charlas
también, y al día siguiente todo sigue como venía. Si el encuentro da para algo
subido de tono mejor, si no “la mejor”.
Pero de éstos existen pocos. Ya casi diría que están en peligro de
extinción.
En este último tiempo me crucé con las primeras dos clases
de especímenes sexuales. No se cual fue peor. Uno te genera ganas de asfixiarlo
con la almohada, el otro también. De todas maneras, como dice la frase, duerme
con niños y amanecerás con la cama mojada. Siempre hay indicios de cómo va a
resultar ser la persona al final. Que no queramos verlos en el momento porque
nos pareció increíblemente atractivo, porque nos ganó con el chamuyo o porque
teníamos un pedo terrible en la cabeza son dos pesos a parte. La cosa es como lo sobrellevamos.
Lo mejor siempre resulta
ser desaparecer, no tocar más el teléfono.
El consejo es brillante, simple y básico, en consecuencia es el último
al que recurro. Yo tiendo a hablar las cosas, a decir lo que pienso. Es esa
cuestión personal e interna mía que no me deja no salirme con la mía, no tener
la última palabra. No me ha resultado tan mal, tampoco se si tan bien. Solo me
deja con la sensación de que cada vez es más difícil encontrar a alguien con
quien pasar un buen momento. Y no hablo de amor, hablo de pasión, de lujuria,
de los mejores pecados capitales. Irónicamente, en la década de lo rápido, lo
express, lo práctico, el sexo termina siendo lo más complejo, y hasta encontrar
un amor barato y ridículamente cursi termina siendo, mirándolo entre ceja y
ceja, algo incluso relativamente más fácil que una tarde de mero placer.
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