Según un diccionario convencional se entiende por “amor” como un sentimiento de vivo afecto o inclinación hacia una persona o cosa. Ciertamente es mucho más complejo y varia conforme a las personas y a través de la historia.
Hoy en día hay muchas clases de amor, y de grado heterogéneo. No es lo mismo aquello que sentimos por un familiar, como por nuestros amigos o pareja, y claro esta el mismo va madurando conforme pasan los años.
A lo largo de mi vida he tenido diversos amores. El de jardín de infantes, tratado con vergüenza pero sin quitármele de encima, si bien finalizado el 2do grado me mude a Buenos Aires con mi madre, su recuerdo perduro hasta finalizar 3ro –ya en ese entonces era una soñadora y mi pasatiempo predilecto era imaginar mi vida modificada a gusto propio-.
En 4to grado comencé en una nueva escuela y con aquel cambio mi nuevo amor, un compañerito que ni la hora me daba a menos que jugáramos carreras, me hice amiga de la tía quien iba dos grados avanzada a ver si ayudaba, pero tampoco sirvió. –ya en ese entonces comprendía que lo fundamental era caer bien en la familia-. En 5to grado el maestro decidió sentarme todo el año con él y nuestra relación se asemejaba a la de un matrimonio en sus comienzos, a los sopapos –literalmente hablando-.
En 6to terminé por resignarme y apunté mas alto, a un chico de 7mo, rubiecito, bastante lindo, popular y asquerosamente creído –en esta etapa de mi vida empezó a desarrollarse el gusto por el masoquismo sentimental y obsesión canalizada en el acoso masivo-. En cada hora libre que tenia, junto con una amiga también enamorada, íbamos a verlo, le escribíamos cartas, tarjetas, le preguntábamos cosas, todo durante un año. Sin embargo no éramos las únicas densas, los amigos del susodicho no nos dejaban en paz, nos burlaban en cada ocasión que tenían, nos molestaban al jugar al poliladron en los recreos y uno hasta se atrevió a pellizcarnos una nalga al encontrarnos distraídas; el asunto termino en una cacería por todo el establecimiento rematando con la intervención de un profesor. Finalizando el año tuve la suerte de ser segunda escolta, ergo debía asistir al acto de egresados de 7mo grado. Fue bastante triste, no solo se graduaba mi amor, si no la diversión, el motivo por el cual el colegio podía ser más entretenido.
Al año siguiente, durante las vacaciones, descubrí el amor contemplativo, aquel que solo observas a lo lejos, su personificación era un jovencito que paraba en la misma hostería que yo, lo veía en el desayuno, la cena, y cada tanto me lo cruzaba al ir o volver de la playa. No paso de eso.
El año escolar comenzó, sin embargo dejo de ser el foco de la pasión infantil y los ojos viraron hacia el curso de admisión que estaba realizando para ingresar al Colegio Secundario Carlos Pellegrini. La novedad, un 2x1. Gemelos: rubios, ojos verdes, bien vestidos, buena posición económica, simplemente hermosos. Yo por mi parte más tímida y cerrada que un tupper hermético. Cruce un par de palabras y no más, el amor paso sin pena y sin gloria. Años mas tarde conseguí saber de uno de ellos, se había convertido en un imbécil, de tal manera que si me perduraba algún sentimiento, no tomo nada en morir. No obstante, pese a la poca atención prestada al sexo masculino del colegio, aquel compañerito del 5to grado se enamoro de mi, le duro cinco años, lastima que llego dos años tarde.
Corrieron los meses y llego diciembre, la despedida a la primaria. A fines me notificaron que no había ingresado al Pellegrini, mi mundo se derrumbo y solo me quedo recoger los pedazos, por lo cual me prepare en francés con una conocida de 14 años y di el ingreso en febrero para el Normal 1, por suerte conseguí entrar. Aun así, en enero –un mes antes de lo anteriormente relatado- volvimos a la playa con mi madre, en donde experimente mi primer amor de verano, un rubiecito hijo de padres amorosos con quienes habíamos hecho amistad. Yo me había hecho gran amiga de la hermana, pasábamos lindas tardes, pero mi relación con él era de mal en peor, me ignoraba o me miraba con una cara que me daba miedo. Entre charlas de padres acordaron que saliera con el una noche, maldita la hora en que ocurrió, ya que no se digno a mirarme, ni dirigirme la palabra durante toda la velada. De todas maneras, dos días después apareció escrito en la arena nuestras iniciales encerradas dentro de un corazón y por boca de sus amigos me entere que el autor había sido mi amor. No paso a mayores, él se fue. Días después conocí a un jovencito tres años mayor, le gustaba, pero no era compartido, se llamaba Federico, quedamos como muy buenos amigos.
Al empezar la secundaria el sentimiento monógamo fue depuesto y las hormonas establecieron la revolución. El 1er año consistía en cinco divisiones de treinta alumnos cada una, suficientes para ponerse exquisita a la hora de elegir. Rubios, morochos, altos, bajos, ojos claros, oscuros, como diría aquella publicidad del Noble Repulgue “¿y vos de qué queres?”. Me gustaba un chico de mi curso y dos de otras divisiones, pero lo interesante estuvo cerca del final de año, mi primer amor platónico. Tres años mayor que yo, morocho, ojos oscuros. Vi mi vida pasar al notar su existencia. El objetivo para terminar bien el año, saber su nombre.
Continuarà.