sábado, 6 de junio de 2015

Hasta que la muerte nos separe

A veces siento que a medida que pasan las generaciones nos vamos volviendo menos tolerantes. Uno ya no se toma el tiempo necesario para reparar algo, simplemente lo desecha.

Trato de pensar cómo habrán sido las cosas antes, en donde las parejas duraban “hasta que la muerte los separe”. Una vez me dijeron, la paciencia es más importante que el amor. Y así vi frente a mi 35 años de aguante constante, de apoyo, de compañerismo. 35 años. 
Donde esta nuestra paciencia? Donde esta ese deseo de lucharla a la par? Esas ganas fervientes de salir adelante pase lo que pase? Nos criaron para pensar que las personas somos descartables, que si no funciona a la primera, no sirve para nada. Que si no te pones de acuerdo no va más. Entonces yo me pregunto, cuándo algo realmente “va”? Yo no creo que las cosas realmente deban ser tan sencillas como se cree. Yo pienso que la pareja es una construcción, es una casa que vas cimentando desde el piso, hasta la última teja, es algo en lo que trabajas toda tu vida, con amor y dedicación y sobretodo, PACIENCIA. La tan dichosa paciencia.


Así que dejemos a un lado las películas románticas, los banalismos, los clichés, y construyamos algo que dure “hasta que la muerte nos separe”

Un poco de realidad

Hablemos de las almas rotas, de las almas perdidas. Hablemos de aquellas cosas que deseamos con todo nuestro corazón que realmente funcionen y fracasan, fracasan constantemente. Que sintamos a una persona como nuestra mitad no necesariamente significa que lo sea, extrañarla, desearla, proyectar con ella. Amarla. A veces se ama lo eterno, a veces se ama lo que tan solo dura un instante. A veces se ama lo imposible.
Creo que uno en la vida es una máquina de cometer errores, pero la clave está en cómo coincidir con el otro para superarlos, como negocias ese error,  como podes ayudar a que el otro lo supere, como te pueden ayudar a que vos lo superes. El cambio está en uno, pero si viene acompañado de un poco de soporte, mejor.
Si me preguntan cómo me siento hoy, la palabra devastada me queda corta, frustrada, triste, sola. Y eso que todavía no caigo en la realidad. Sin embargo, a la larga, no dudo en que traerá consecuencias positivas, sobre todo para el otro. El otro estará mejor, será más feliz, será más libre. Será todo lo que quiso ser y no pudo por mi culpa, o al menos así lo siento.
Yo supongo que lo superaré y punto. Las malas rachas suelen ser una constante, el tema es como hacemos para salir adelante y encontrarle el lado bello a la vida aunque a veces haya que mirarlo con lupa.
Hace muchísimos años atrás me dijeron “vos siempre pudiste sola con todo” y no lo dudo, y lo peor es que ninguna persona en el planeta que me haya conocido lo duda tampoco. Ete aquí lo frustrante: dejen de asumir que puedo con todo sola y por algún momento en mi vida, ayúdenme, aunque sea difícil, aunque me cueste aceptar y denme un enorme abrazo en vez de ganas de pelear.

Pero como dice el dicho, no está muerto quien pelea, y yo hoy por hoy, debo estar más viva que nunca. Así que no queda otra que erguir la frente en alto y caminar, caminar y nunca parar.