En la ciudad donde vivo -Bahía Blanca- los espacios y actividades culturales se encuentran bajo las decisiones no solo políticas si no de las generaciones mayores. Las remodelaciones edilicias rondan en torno a la plaza frente a la municipalidad y a sus calles y edificios aledaños, cual costumbres de antaño.
Los jóvenes crean sus propios espacios para la expresión de la cultura acaparando zonas determinadas de la ciudad ya sea para expresar su arte, deporte o tan solo conversar.
Mantienen un buen nivel de enseñanza pero a la hora de la recreación se ven limitados.
Se observa un choque de culturas, una batalla cultural por la predominancia de los distintos estilos de vida, lo moderno quiere imponerse a lo retrógrada pero éste último no se deja vencer, apoyado por las costumbres emergentes de los orígenes de la ciudad cimentados en el ejército y la Iglesia Católica.
Solo ejercitando un cambio de mentalidad, abriendo un poco más la cabeza, no siendo tan prejuicios si no más experimentales se puede llegar a tener una vaga esperanza de que esta ciudad encuentre al menos, un mínimo grado de avance, de enriquecimiento cultural y social, pero ese es un camino que todos deben estar dispuestos a recorrer, y para ser honestos, hoy en día, el término "todos" es tan sólo un conjunto de diferencias, de batalles campales sin la mínima intención de llegar a un punto en común. Hoy en día el cambio es el lujo que muy pocos están dispuestos a querer implementar.