martes, 23 de julio de 2013

Complementos cuasi perfectos

Supongamos que te extraño y que me gustaría verte. Que tengo pensado que café nos pediría en Starbucks o con que acompañaría mi café Havanna. Que improviso conversaciones en mi cabeza para  no quedarme tildada por el simple hecho de tenerte frente a mi, para no guardarme cosas, para no decir insensateces. Supongamos que un día, sin pensarlo ni planearlo, nos encontramos. Una tarde no tan fría, en la gran ciudad. Vos te quedarías mirándome y yo agacharía la mirada al sentir que me empiezo a enrojecer. Entonces todo lo que podríamos llegar a tener pensado para ese día se desvanecería, nos olvidaríamos de nuestros compromisos, de nuestras responsabilidades, y nos iríamos a contarnos que ha sido de nuestras rutinarias vidas. Que ha sido del uno sin el otro, con el deseo escondido, de que en un fugaz instante nos demos a entender que nada ha sido de nosotros, porque nada somos si uno no esta para complementar al otro. Porque a fin de cuenta, sin querer reconocerlo, eso somos, el complemento del otro.

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