Las relaciones interpersonales son bastante complicadas. Es un ensayo y error constante y a veces aprendizaje y lección. Bucay -que si bien lo detesto- dijo una gran verdad, cada vez que algo nos disgusta nos fijamos en el otro, al otro le falta eso, al otro le falta aquello, el otro ME HIZO tal cosa. Hoy dejo de mirar al otro y me miro a mi. Observo cada uno de mis comportamientos y analizo cada una de las cosas que se me cruzan por la mente y a veces concluyo que necesito más de lo que quiero a las personas. El querer es altruista y desinteresado, te nace de lo profundo del ser y da más de lo que recibe. La necesidad es egoísta e interesada, demanda más de lo que puede brindar o no, puede que brinde de igual o mayor manera incluso que el querer, pero desgasta y aprisiona.
A veces miro para atrás y veo cuánto me necesitaba mi mamá y yo necesitaba a alguien también, y nadie estaba, y de repente alguien aparecía y ese alguien era mi mundo. Hoy en día mi mamá no me necesita y todo esta en orden, pero yo sigo demandándole a mi mundo como si todavía estuviese sola en la vida.
Y si bien de aprender se trata todo, el hombre no deja de ser un animal de costumbres, y admiro a futuro la paciencia y coraje que deberá tener mi mundo para arriesgarse a acompañarme día y noche.
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