lunes, 12 de noviembre de 2012
Cuando pasas una serie de situaciones extremas, una tras de la otra que te superan, que te colman el vaso que ya venias trayendo medio lleno del año, no te sentis como si te estuvieras volviendo loco? O no se si loco, pero es como si se te hincharan las neuronas y empezaran a girar dentro de tu cabeza a una velocidad altísima y vos te encontras gritando a tus adrentos "paren, por favor paren". Como bien dice aquella frase célebre...PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR. Paren todo, dejen de actuar, dejen de accionar. Necesito pensar, necesito razonar, necesito cinco minutos conmigo para verme, para observar a mi alrededor y ubicarme en el mapa. Y no pasa, al contrario, todo se acelera mas y mas, y caes en desesperación, nada esta saliendo como lo planeaste, todo se esta desarrollando de manera inmanejable. Y vos queres que alguien se detenga y te mire, que se den cuenta que estas, que el mundo se pare por un minuto, se acerquen y te digan "te quiero". Sin reproches, sin apuros, sin compromisos, un sincero y sano "te quiero" o de no ser posible, de no llegar a sentir siquiera algo próximo al "te quiero", aunque sea un cálido abrazo acompañado del "pase lo que pase, todo va a estar bien". Porque vos sabés que en el fondo, las cosas si van a estar bien, pero no lo tenés presente al momento, al momento todo es peor que en tus pesadillas, al momento, la realidad superó la ficción y lo único que te aliviaría sería matar al director, de esa obra de terror.
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