sábado, 3 de julio de 2010

Resoluciones. Franz Kafka


Recobrarse de un estado de decaimiento tiene que ser fácil, aunque sea a fuerza de pura voluntad. Me arranco del sillón; doy una vuelta a la mesa, pongo en movimiento la cabeza y el cuello; pongo fuego en los ojos; distiendo los músculos en derredor de aquellos. Contravengo a nada uno de mis sentimientos: saludo fogosamente a A; si ahora viniese, aguantaria amablemente a B en mi habitación; si se trata de C, a pesar del dolor y del cansancio me trago todo lo que pueda decir. Pero aun procediendo así, con cada falla que pueda quedar fuera del juego se arruinaría todo, lo fácil y lo difícil, y tendré que volver a ponerme en órbita. Por eso lo mejor que se puede hacer es soportar todo con calma; comportarse como un peso muerto, y aunque uno se sienta hecho a un lado no dejarse llevar a dar un solo paso innecesario; mirar a los otros con mirada animal; no sentir ningún remordimiento; en pocas palabras: hundir el fantasma de vida que aun subsista; o sea: aumentar en lo posible la ultima calma sepulcral y excepto esto, terminar con todo. Un movimiento característico de tal estado es recorrer las cejas con el dedo meñique.

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