martes, 9 de febrero de 2010

I (viejo)

Los estados de ánimo penden de un hilo junto con las circunstancias que nos tocan vivir día a día. Una mañana estamos en la cima, y llegada la tarde nos vemos cayendo, a veces lenta, a veces rápidamente; o viceversa.
Es en los peores momentos en los que nos sentimos ajenos a nuestras vidas, no sabemos como actuar, que decir, que no decir… solo buscamos desaparecer, camuflarnos entre la gente, o simplemente hundirnos en nuestra cama para ya no salir. Sin embargo, tarde nos damos cuenta que no es así como se resuelven las cosas… o quizás, conseguimos hacerlo a tiempo, pero con la ayuda de otros a nuestro alrededor, que ven y pueden, aunque de una forma mínima, llegar a entender como nos sentimos

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