sábado, 28 de marzo de 2009
Divagues
150 alumnos en una de las aulas mas amplias del complejo universitario aguardando la llegada del profesor -que siempre llega tarde; aunque reconozco es una falacia de mi parte afirmar "siempre" habiendo tenido tan solo una clase hasta el dia de la fecha- que dictara una de las tantas materias del segundo año de la carrera.De los 150 a lo largo de los años se sabe que quedara un tercio, o quizas menos, el resto recomenzara otras carreras, aumentando paulatinamente la heterogeneidad profesional en el pais.De aquella heterogeneidad, un porcentaje se ira por el mundo en busca de nuevas oportunidades, otro se quedara y erguira su exito a lo largo de los años, mientras que el restante de los dos anteriores estara destinado a la suerte ciega, a la ruleta rusa -espero yo situarme en el 1er o 2do caso-.Entre exitosos y suertudos se forjaran nuevos profesores que -puede ser- tambien llegaran tarde a la 1era clase, nuestros hijos ocuparan los bancos en donde hoy en dia nos encotrnamos y complementaran el circulo perfecto de esta vida de causa y consecuencia. En donde solemos ser dominados por nuestros actos, para castigarnos con los resultados y dar lugar a teorias vanas de dioses y destinos, para eximirnos de la responsabilidad que acarrean nuestras acciones y poder continuar alimentando nuestro incesante ego, nuestro autodestructivo orgullo, nuestra infructuosa hipocresia.
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