
Y las lagrimas se conviertieron
en un adorno cotidiano de su rostro,
y los sueños se volvieron
piezas de rompecabezas
y los deseos se evaporaron
como el acohol del vino blanco
y las risas se esfumaron
como nubes de algodon.
Tan solo quedaron las viejas apariencias,
las mentiras ya escuchadas,
las verdades no cantadas
y las tristezas jubiladas.
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